2049

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¡Sacrilegio! ¡Sacrilegio! Gritaron los puristas cuando se anunció que Blade Runner, esa obra maestra dirigida por Ridley Scott, estrenada en 1982, tendría secuela: Blade Runner 2049. Treinta años después de que Rick Deckard y Rachael escaparan hacia nadie sabe dónde.

Los comprendo a los puristas. Yo podría ser uno. ¿Qué razón hay para que exista la continuación de una historia que está tan bien contada?

Pero si me enojara no podría vivir tranquilo, de lo obsesivo que soy. Así que mejor me aligero y dejo que las cosas pasen e incluso, desde que me enteré, le deseé suerte a la secuela y hasta le puse una veladora a San Philip K. Dick.

Siendo fan de este Santo, digo, escritor, tengo que ponerme flojito y cooperando, pues ya sé que se avecinan (¡ya está aquí! Electric Dreams, la serie de televisión sobre cuentos cortos de ciencia ficción de PKD, por ejemplo) muchas adaptaciones de su obra que pueden no gustarme en lo absoluto.

Ya lo viví: Total Recall está basada en mi cuento favorito de PKD, Recuerdos al por mayor, y la verdad es que ninguna de las dos versiones —la de Arnold Schwarzenegger y la de Colin Farrell— le hacen justicia al cuento. Si no lo conocen, búsquenlo. Ya sabemos que siempre es mejor el libro que la película.

PK Dick no vio el éxito de su obra ni en ventas ni de crítica. Era un autor Pulp que no paraba de escribir dopado de anfetaminas; que pocas veces corregía para cobrar pronto por sus novelas (hasta tres en un año), cuyos personajes se repetían una y otra vez: dos hombres y una mujer. Las historias están basadas en fuertes premisas: si la humanidad viviera bajo tierra pensando que en la superficie hay una guerra de robots y no es cierto, ¿todo es un engaño de la clase dominante? ¿Y si un hombre piensa que juega Melate, pero en realidad tiene un don extraordinario y está atinándole a las coordenadas de una guerra intergaláctica? ¿Y si un policía comienza a seguirse a sí mismo sin darse cuenta? ¿Y si los muertos podrían vivir más tiempo gracias a que sus cerebros han sido guardados en bancos, preservados para el futuro? Y así…

Ya todos lo sabemos, las novelas y los cuentos de PKD se adelantaron a su tiempo. Muchas películas, como Abre los ojos, The Matrix, The Truman Show, Dark City, no existirían en la actualidad sin él. Aunque ninguna de estas historias sea de su autoría, el elemento philipdickeano se saborea en cada una de ellas.

Alcon Entertainment compró en 2011 los derechos para hacer secuelas y precuelas de Blade Runner. ¿Leyeron bien, puristas? ¡Secuelas y precuelas! Sí, sí, en plural.

Lo bueno es que ésta, 2049, tiene a Ridley Scott como productor, lo que, de alguna manera, la protege. También el director es perfecto, el canadiense Dennis Villenueve, quien hizo Arrival, una de las mejores películas de ciencia ficción de los últimos tiempos.

No voy a espoilear nada aquí, lo cual hace más difícil decirles por qué me gustó 2049, pero lo intentaré: el guión es casi perfecto, la atmósfera es oscura, muy acertado el uso, casi inexistente, del greenscreen —el arquitecto Dennis Gassner construyó todo en estudios de Budapest—, y las actuaciones de Gossling, Ford, De Armas y Hoeks son buenísimas. Sólo tengo una queja: enterarme de que el personaje Neander Wallace, interpretado por Jared Leto, iba a ser protagonizado por David Bowie. ¡Ay, Muerte! ¿Por qué nos quitaste ese placer?

Escucho que hay gente a la que no le gustó, pero por las razones que a mí me parecen ciertas: es lenta, no se entiende lo que pasa, no hay acción ni explosiones ni grandes efectos especiales.

Puristas, aliviánense. Hay rumores muy fuertes —yo diría que certeza— de que Ridley Scott pretende juntar los universos (ahora franquicias) de Alien y Blade Runner en un futuro no muy lejano.

¿Buena o mala noticia? ¿Sacrilegio? No pasa nada, es sólo cine.

 

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