Infame violencia

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vamos por partesPuerto Vallarta, Jal.- Después de cinco décadas las víctimas del 2 de octubre de 1968 no dejarán en paz a la sociedad mexicana; las vidas arrebatadas, ese día por la violencia del Estado, seguirán demandando justicia.

Fue al despuntar la noche, los rostros fueron visibles en la Plaza de Tlatelolco, como la sangre derramada por un grupo indeterminado de mexicanos, extranjeros de todas las edades. No obstante, lo mucho escrito; hoy nadie asume su responsabilidad en los hechos y, cuando el expresidente Gustavo Díaz Ordaz lo hizo ante el poder legislativo el 1ro de septiembre de 1969, nadie tuvo el valor de enjuiciarlo, sus palabras fueron: “asumo íntegramente la responsabilidad ética, social, jurídica, política e histórica; por las decisiones del gobierno en relación con los sucesos del año pasado”.

La respuesta se tradujo en vivas, aplausos y porras… “no temo al juicio de mis contemporáneos, sé y los mexicanos saben que en mi actuación ha habido aciertos y errores, pero que mis errores han sido involuntarios, que todo lo que he hecho, lo he hecho tratando de servir lo más eficazmente posible a México”.

El baño de sangre en la Plaza de Tlatelolco no se olvidará jamás. Los sobrevivientes a ese día de terror se niegan a comprender ese llamado servicio a la nación expresado por un ser humano tan vil. Los mexicanos no tienen amnesia, todo acto en contra de la vida es inadmisible, nada lo justificará nunca y eso va para todos los que aún no tienen memoria de ésta y otras masacres ocurridas en México.

Los acontecimientos violentos en la historia nacional se han tragado la memoria de la colectividad y se convierten, a través del tiempo en acciones responsables para salvar a México, ¡nada más falso! Actos funestos no para celebrar sino para reflexionar permanentemente.

Cuántos murieron no se sabrá, los heridos en ese reprobable acontecimiento serán testigos de la incapacidad de la justicia mexicana para encarar los grandes problemas nacionales; es triste reconocerlo, en estos momentos preocupa más la construcción de un nuevo aeropuerto frente al vacío de poder del Estado Mexicano, precisamente en el renglón de la aplicación de la añorada JUSTICIA.

Investigaciones periodísticas y académicas por miles, pocos voltean para analizarlas y con base en ellas exigir responsabilidades a los sobrevivientes de esa masacre como lo es el licenciado Luis Echeverría Álvarez, ex presidente heredero de la decisión de su antecesor.

Diplomáticos a los que les ardió la cara de vergüenza renunciaron a sus responsabilidades, el maestro Octavio Paz, Carlos Fuentes, periodistas como mi entrañable e inolvidable amigo y maestro julio Scherer García a más de un año de habernos dejado físicamente como don Carlos Monsiváis y tantos más que clamaron justicia.

Recapitular en relación a este acontecimiento no podrá realizarse sin analizar los alcances actuales para los universitarios a través del respeto a sus derechos humanos y aplicación de la justicia social, se hace necesario reconocer la ausencia de proyectos serios e innovadores, esto sigue pendiente. Esas cinco décadas que han sacudido a México, descubre que solamente tres de cada 10 jóvenes con deseos de asistir a estudios superiores tienen esa oportunidad, los motivos son diversos, lo deplorable es la cifra oficial; solamente tres de cada 100 concluyen estudios universitarios.

Se reconoce que hace 50 años los jóvenes mexicanos inquietos por su formación profesional sobrevivían ante la incapacidad del Estado Mexicano de cumplir sus expectativas educativas, no obstante, la significativa ruptura social y económica de la vida nacional lleva actualmente a reconocer un mayor acceso a las aulas universitarias, aunque todavía existan miles de rechazados, las mujeres llegan en cantidades significativas a las instituciones de educación superior, el compromiso está vigente. Las demandas de esas víctimas son vigentes, justicia y garantías; las víctimas de 1968 y los desaparecidos de Ayotzinapa, los porros de la UNAM y otras instituciones de educación media superior, agresores físicos como intelectuales tienen nombres y apellidos; habrá que descubrirlos y aplicarles la ley con todo rigor.

El conocimiento de la sociedad por estas atrocidades no está fuera de su conciencia, es parte de la ambición por acrecentar el poder, habrá que frenar ese frenesí, lo que ocurrió en 1968 no solamente es reprobable, también permitirá diseñar alternativas suficientemente amplias para la nueva generación de jóvenes con deseos de ser profesionales integrales, eso con la misión de sustituir al tufo de gobernantes corruptos y despistados.


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Post y Contenido Original de : Notivallarta
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