Todo Pasa y Todo Queda

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Añoro la simplicidad y el tranquilo ritmo de un pasado aún reciente. Ha habido un cierto punto en que la tecnología nos rebasó y ahora nos está llevando a una velocidad inaceptable, abusiva. Me parece que es tiempo de frenar.

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Por Federico León de la Vega

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Han pasado cinco décadas desde que Juan Manuel Serrat comenzó a cantar la popular la canción “Cantares”.

La letra es una combinación de algunas estrofas del poemario “Campos de Castilla” de Antonio Machado, combinadas con otras del propio cantante. Lleva unas frases de protesta contra el franquismo, que intentó diluir una cultura y prohibió a Serrat cantar en catalán. En la letra lamenta “murió el poeta lejos del hogar, lo cubre el polvo de un país vecino”. Sin embargo, a cinco décadas de su aparición, la canción es aún popular, hasta los jóvenes la siguen cantando.  El franquismo ha pasado, pero el idioma catalán aún se habla. Son las cosas violentas las que pasan, en cambio el amor permanece.

Durante los años que he seguido escuchando la canción de Serrat, he visto pasar muchas personas, costumbres y cosas. Muchas las he olvidado, pero otras permanecen. Las que permanecen las divido en dos: aquéllas que estoy procurando olvidar y las otras, a las que me aferro con agradable nostalgia, conservando en el corazón sus imágenes, sabores y olores.

A últimas fechas me llegan por WhatsApp muchas imágenes del pasado con añoranzas por tiempos más sencillos, de menos tecnología. ¿Quién no ha visto esos videos que evocan épocas en las que andábamos en bicicleta sin casco, jugábamos canicas y fútbol en la calle y los bebés usaban pañales de tela? Se necesitaban menos cosas para vivir en aquel entonces. Había menos presión por tener tanta cosa. Los hombres hacíamos trabajo físico y éramos apreciados por los oficios que ahora hacen con rapidez las máquinas; no teníamos que acudir a un gimnasio para conservar la fuerza: la vida diaria era un gimnasio. Las mujeres cocinaban, cultivaban legumbres y flores y esperaban la llegada de los hijos de la escuela. Siempre caminé para ir a clases, o me iba en bicicleta. Cuando llegaba a casa me esperaba un vaso de limonada, o agua de alfalfa y desde luego el abrazo de mi madre.

Los tiempos actuales son más prácticos, la vida es más rápida, pero menos conveniente, en el sentido humano. Hay como dice Ernesto Sábato, un límite para la velocidad humana. No importa lo rápida que sea la tecnología nuestro corazón, nuestros movimientos, nuestro pensamiento, tienen límites muy definidos que no cambiarán a menos que nos transformemos en máquinas. Si la vida ha de ser agradable y sana debemos operar dentro de estos límites, o de otro modo aceptar el transhumanismo: la integración de nuestro cuerpo a la alta tecnología no con propósitos de salud, sino de eficiencia productiva. Nomás de pensar en la posibilidad de llegar a vivir esto me da pereza la vida.

Siento un creciente repelús hacia el abuso de la alta tecnología y me parece que no estoy solo. Percibo en la tendencia a recuperar lo natural la compañía de otros.

Añoro la simplicidad y el tranquilo ritmo de un pasado aún reciente. Ha habido un cierto punto en que la tecnología nos rebasó y ahora nos está llevando a una velocidad inaceptable, abusiva. Me parece que es tiempo de frenar. No quiero una vida tan rápida ni tan práctica. Quiero esforzar mi cuerpo, quiero caminar o correr, pero usando mis piernas. Quiero sudar y ver mujeres menos artificiales, más humanas. Aún en contra de la corriente masificadora escogeré ser persona y no máquina. Las palabras de Machado “Caminante no hay camino, se hace el camino al andar, golpe a golpe y verso a verso” me inspiran a pensar que aún se puede escoger.

Escojo entonces las cosas que tienen permanencia, que son las que contienen amor. Mantengo la esperanza de que tanta locura e inmediatez pasen por hartazgo. Decido no ser máquina. Caminaré a mi humano paso, haciendo mi propio camino, y cuando esta vida natural llegue al fin, volveré la vista atrás, recordaré todo lo que he pintado y pasaré calmadamente a otra vida porque “lo nuestro es pasar”, pero pasar tranquilamente. Mis pinturas quedarán para dar testimonio de lo que pensaba y sentía.

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